Al menos Ilkaan era mucho más modesto que otros demonios que conocía: aun no le había salido ningún brillante cartel riéndose de él, y de su estúpida e ineludible situación. Aun no le había visto vanagloriarse de haberle engañado ninguna de las veces que lo había hecho...
El latido del corazón sobre el altar se propagaba siniestro y cadenciosamente penetrante entre las columnas del templo: inquietante. Observó su alrededor pensativo, tenía que encontrar la manera de retomar el rastro y darle alcance de nuevo... temía el motivo de aquella encerrona: demasiadas molestias para ser un simple juego. Pero Ilkaan estaba en todas partes, su presencia dentro de aquel templo, dentro de aquel plano era tal que anulaba cualquier posibilidad de volver al buen camino.
Suspiró mirando el corazón y la sangre sobre el altar: recordaba haber oído aquel sonido desagradable dentro del cuerpo del semidemonio muchas veces... recordaba haber deseado dejarlo de oír.
-"nigromancia..."- pensó. También odiaba la nigromancia.
Tomó el corazón que continuo latiendo entre sus dedos y repentinamente entendió los vínculos: de alguna manera... él se estaba alimentando de aquello aun, y por eso parecía que estaba allí... o estaba todavía allí sin estarlo...
Una sangre más negra y espesa de lo normal se derramó por su mano cuando interrumpió el latido... rompiendo el vinculo rencontraría el rastro.
El cuerpo muerto contra el altar se levanto de golpe, con un grito ahogado tras sus ojos desorbitados y cayó de nuevo al suelo en forma de cenizas.
- Tsk... - sonó disconforme una voz saliendo entre las columnas cercanas- ... no tenía que haber hecho eso...
Unos ojos antinaturalmente verdes le observaban desde la obscuridad. Era una presencia sutil, esquiva entre el dolor que lentamente se iba disipando por las grietas del templo. A los ojos le siguió un cuerpo, casi humano, felinamente esbelto. Su piel era del color de las sombras que abandonaba y sus movimientos y curvas parecían las de una mujer. El pelo largo y verde, oscuro, casi negro, se deslizaba juguetón tras unas orejas ligeramente mas puntiagudas que las de los elfos. Carecía su rostro de boca y nariz, resaltando los dos salvajes ojos que le miraban suspicaces. Según se acercó comprobó que lo que le había parecido una capa negra eran unas alas plegadas en cómoda caída.
posted by Zo'ar Elhelzor at 4:16 p. m.